Anoche cuando llegué a ¿mi casa?, lo primero que hice fue soltar lo que traía encima y buscar algo en qué escribir. Hay noches como la de anoche en que necesito descargar lo que llevo por dentro. No hay nadie con quien pueda hablar de lo que me pasa, y me estoy acostumbrando a que el papel se esté convirtiendo en mi mejor confidente.
Lo raro es que a veces sostengo el lapicero en la mano y no puedo empezar a escribir. Son tantas las cosas que me pasan por la mente, que es como si las ideas se empujaran y se atropellaran unas a otras dentro de mi cabeza. Entonces me acuerdo de lo que han dicho otros -otros que sí saben cómo escribir- y me adueño de sus palabras. O más bien las tomo prestadas un ratico, hasta que mis ideas dejan de agitarse dentro de mi mente y puedo decir por mí misma lo que siento.
Estas son de Ramón Sampedro en “Cartas desde el Infierno”: “Preguntate de qué, o de quién eres esclava. Cuando lo sepas, escapa del redil y no temas adentrarte por cualquier lugar desconocido. Si no le tienes miedo a nada ni a nadie, seguro que cuando tengas ganas de reir o llorar entenderás las causas…”
Yo también soy esclava. Esclava de mi miedo. Un miedo que me tiene encerrada y no me deja entrar en lugares desconocidos, donde quizás encontraría lo que he buscado tanto. Miedo a tener razón en lo único que hubiera querido estar equivocada.
Cada quien se enfrenta a sus miedos como puede. Algunos prefieren alejarse y se refugian detrás de cualquier cosa para amortiguar el dolor. Yo no soy ni tan valiente ni tan fuerte, pero he decidido luchar contra mi miedo cara a cara. Sin escudos. Sin taparme los ojos. Recibiendo los golpes de frente y con los ojos bien abiertos para saber de dónde vienen. No quiero perderme nada. Ningún gesto, ninguna mirada, ni una palabra, ni siquiera el silencio. Sé que con cada golpe, algo dentro de mi se va rompiendo, algo que siento que no voy a recuperar. Pero cada golpe me hace más fuerte. Cada golpe va rompiendo el redil poco a poco y sé que con el tiempo tendré fuerzas para encontrar nuevos lugares donde reir y llorar sin miedo.